About This Book
Sanar las heridas de la infancia no significa culpar el pasado ni reescribir la historia con resentimiento. Significa mirarla con honestidad y compasión. Significa comprender que aquello que dolió tuvo un impacto real en nuestra manera de relacionarnos, de elegir, de reaccionar ante el rechazo o el abandono. Y, sobre todo, significa asumir la responsabilidad amorosa de romper los ciclos que nos limitan.
Este libro no es un juicio a quienes nos criaron ni una invitación a quedarnos atrapados en el dolor. Es un puente. Un camino hacia la reconciliación con nuestra propia historia. Porque cuando sanamos al niño interior, liberamos al adulto que queremos llegar a ser.
Que estas páginas sean un espacio seguro para recordar, comprender y transformar. Porque solo al abrazar nuestras heridas podemos convertirlas en fuerza, y solo al mirar nuestro pasado con ternura podemos construir un futuro más libre.